Enviado por abrilmirannda el Mié, 05/11/2025 - 02:31

Fecha y lugar

El 6 de enero de 1992, la localidad cordobesa de San Carlos Minas, ubicada en el departamento Minas, fue escenario de uno de los desastres naturales más graves en la historia de la provincia de Córdoba.

Descripción del hecho

Durante esa jornada, una intensa tormenta con lluvias torrenciales —que dejó entre 240 y 400 milímetros de agua en pocas horas— azotó la zona serrana, incluyendo el macizo de Los Gigantes.
La enorme cantidad de agua provocó el desborde del arroyo Noguinet, que atraviesa el pueblo. Hacia las nueve de la mañana, una avalancha de agua, barro, rocas y escombros descendió con fuerza hacia la localidad, formando olas de hasta siete metros que arrasaron todo a su paso.
En medio del caos, el cura párroco del pueblo hizo sonar las campanas de la iglesia para alertar a los vecinos, lo que permitió que muchas personas lograran escapar a tiempo.

Consecuencias

El aluvión dejó un saldo trágico de 42 personas fallecidas, además de la destrucción de más de 50 viviendas y daños en otras 180. También fueron afectadas calles, plazas y edificios públicos.
En algunas casas todavía pueden verse las marcas que dejó el agua, como un recuerdo silencioso de aquella mañana.
Este suceso marcó un antes y un después en la historia de San Carlos Minas y en la vida de sus habitantes.

La unión en medio del desastre

A pesar del miedo y la pérdida, la comunidad se unió como nunca.
Los vecinos se ayudaban entre sí: algunos abrían sus casas para refugiar a otros, otros rescataban personas atrapadas o compartían lo poco que quedaba.
El pueblo entero se organizó para asistir a las familias afectadas. Fue un momento de solidaridad, compañerismo y fuerza colectiva que mostró lo mejor de San Carlos Minas.

El nuevo comienzo

Cuando el agua se retiró, comenzó otro desafío: reconstruir el pueblo.
Durante los días y meses siguientes, los vecinos trabajaron codo a codo para limpiar, reparar y reconstruir lo que el aluvión había destruido.
No solo se levantaron las casas, sino también los ánimos. Con el paso del tiempo, el pueblo volvió a ponerse de pie, demostrando que la esperanza siempre puede más que la tragedia.

“Efectivos organizando tareas de rescate mientras un helicóptero sobrevuela la zona afectada. La ayuda llegó por aire y tierra para asistir a la comunidad tras el aluvión del 6 de enero de 1992.”

“Vista aérea de San Carlos Minas después del aluvión. El barro y los escombros cambiaron por completo el paisaje del pueblo.”

“Las aguas arrasaron viviendas y calles en cuestión de minutos, dejando destrucción y silencio donde antes había rutina.”

“El barro y la destrucción invadieron cada rincón del pueblo, dejando huellas imborrables de aquella mañana trágica.”

“El arroyo Noguinet, desbordado y fuera de control, arrasó con el puente y todo lo que encontró a su paso.”

“Las familias se reencontraban entre los escombros, buscando consuelo en medio del dolor compartido.”

“Donde antes hubo calles y árboles, solo quedó la tierra desnuda, testigo del paso del agua y del tiempo.”

“Con esfuerzo y esperanza, los vecinos comenzaron a limpiar y reconstruir, decididos a volver a empezar.”

“Cada pala y cada mano tendida simbolizaron la fuerza de un pueblo que se negó a rendirse.”

“El agua se llevó estructuras, pero no pudo llevarse la unión ni la memoria de San Carlos Minas.”

“La solidaridad llegó de todos lados: ropa, alimentos y ayuda que mostraron el poder de la empatía.”

La memoria viva

Hoy, más de treinta años después, el aluvión sigue siendo parte de la memoria colectiva de San Carlos Minas.
Cada generación ha escuchado las historias de aquel día, las campanas que avisaron el peligro y la fuerza del pueblo que supo salir adelante.
Las marcas del agua quedaron, pero también la enseñanza de la unidad y la resiliencia.

Reflexión final

El aluvión de 1992 muestra cómo la naturaleza puede cambiar la vida de una comunidad en cuestión de minutos.
Sin embargo, también refleja la unidad, fortaleza y esperanza de los habitantes de San Carlos Minas, que con el tiempo lograron reconstruir su pueblo y mantener viva la memoria de quienes perdieron la vida.
Este hecho no solo pertenece al pasado: forma parte de la identidad de nuestro pueblo, que aprendió que de las tragedias también nacen los nuevos comienzos.ALUVIÓN

Categoría
Historia de nuestro pueblo